La basura amenaza a las aves que habitan en El Mollar

¿Qué conocemos de los pájaros? Que son lindos, que cantan, vuelan y nos alegran la vista. Pero ¿sabemos qué pueden decir del lugar en el que vivimos? Las aves son buenas bioindicadoras de las condiciones ambientales de un lugar. Así lo explica Ada Echevarría, ornitóloga y directora del Instituto de Invertebrados de la Fundación Miguel Lillo. La ecuación es simple: si hay pájaros, entonces, el ambiente no presenta graves problemas de contaminación; pero si desaparecen o disminuye su población, algo está sucediendo. 

Desde el año 2000, Echevarría y un equipo vienen estudiando las aves acuáticas que viven en el dique La Angostura (El Mollar). El objetivo era conocer qué aves habitaban el lugar y cuál era su dinámica. Entre 2004 y 2005 llegaron a censar 78 especies, entre las del lugar y las migratorias. “Se veían las gallaretas (aves acuáticas) nidificando allí porque la vegetación era abundante”, explicó la investigadora. Esta flora, que aparecía en las orillas y en las playas del dique, eran fuente de alimento y también la materia con la que armaban sus nidos. 

A partir de 2005 las condiciones ambientales cambiaron drásticamente y las aves comenzaron a desaparecer, explica parte del informe realizado por la ornitóloga y su equipo. “La vegetación desapareció por completo y eso obligó a las aves a desplazarse”, comentó. El cambio se dio en un lapso menor a seis meses y las causas no encontraban un porqué.

“Los lugareños nos dijeron que podía ser por los agroquímicos que tiraban al dique. Porque llamaba la atención que el nivel de agua estaba intacto, pero ya no había vegetación”. Ada contó que en distintas zonas de ese valle se cultivan grandes extensiones de papa y que los lugareños saben que los ríos Tafí y El Mollar reciben los desechos de herbicidas y plaguicidas que terminan desembocando en el dique La Angostura. 

Por esta causa, 2010 fue el año más crítico, porque las especies censadas disminuyeron de 78 (2004-2005) a 13. No había nidos ni vegetación. Lo único que crecía era la acumulación de basura, que hasta el día de hoy es un serio problema en el lugar. “Hay montañas de basura. Están llenas de plásticos y elementos que las aves se tragan y les ocasiona mucho daño”, explicó. 

A la contaminación de las aguas se le sumó que entre 2009-2010 el dique fue vaciado en gran parte porque debían arreglar unas válvulas. Esto empeoró el hábitat de las aves. “Según la Dirección Provincial del Agua (DPA), que maneja el dique, ese embalse no recibía mantenimiento desde 1975”, señala otra parte del informe. Debido a esta tarea de reparación, el embalse se convirtió en un desierto. 

Sin protección

Además de ser bioindicadoras, las aves cumplen una función vital en el ciclo biológico. Cualquier alteración puede desbalancear la cadena ecológica. “Son controladoras de plagas de las especies nativas, por ejemplo, de los mosquitos y sus larvas”, explicó Ada. También favorecen el ciclado de nutrientes. Esto significa que lo que comen y eliminan sirve para nutrir ese hábitat, lo cual mejora el funcionamiento del humedal. 

Si no existen las condiciones, a las aves no les queda otra opción que desplazarse. 

A principios de 2013, el dique comenzó a recibir agua nuevamente y de a poco la vegetación comenzó a reaparecer. Pero hasta el día de hoy no se ha vuelto a encontrar la misma cantidad de especies que en 2004. Sin embargo, la naturaleza muestra su poder para recuperarse.

“El problema sigue siendo la basura. Es una amenaza para las aves del lugar, porque se comen las tapitas de botellas, las bolsas”. El dique La Angostura está dentro del catálogo de Reservas Naturales que posee la provincia. Es el lago artificial de mayor altura de la Argentina (a 2.137 msnm). Se creó en 1996 para proteger y preservar aves acuáticas y migratorias. 

Sin embargo, su perímetro está repleto de desechos. “En los papeles es una reserva que debe ser protegida, pero en los hechos eso no sucede”, explicó. A fines de 2014, Ada y su equipo, junto con alumnos de una escuela primaria de El Mollar, realizaron una limpieza simbólica en varios metros de playa del dique. Sacaron más de 30 bolsas llenas de basura de todo tipo. La intención era mostrar el estado de abandono y llamar la atención de las autoridades. Sin embargo, durante la temporada de vacaciones la situación empeoró. El sitio se tornó no sólo insalubre para los pájaros, sino también para las personas. 

 

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