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El Centro Cultural Alberto Rougés nació en junio de 1990 como un resultado natural del crecimiento de la Fundación Miguel Lillo, que integra de este modo la investigación científica con la indagación humanística y une dos nombres señeros de nuestra cultura. El espíritu del Centro Cultural Alberto Rougés se apoya en un concepto de cultura que incluye el dominio de las obras humanas regidas por los valores. Una concepción de la cultura cuya amplitud abarca la labor científica y la creación artística, la investigación de la naturaleza y de la historia, que rastrea el pasado para comprender el presente y preparar el futuro, que busca entender al mundo al que pertenece al tiempo que se abre a las múltiples corrientes que atraviesan el tiempo y el espacio. No se trata de negar la especialización, sino de abrir compuertas para el trabajo interdisciplinario e integrar perspectivas diversas. Partiendo de una institución científica de reconocido prestigio, el Centro Cultural quiere mostrar otras formas valiosas del quehacer humano y de esa manera ha dado cabida a la reflexión filosófica, a la investigación histórica, a la creación y a la crítica literaria, a la expresión de los artistas plásticos, etc. La Casa es, de esta forma, la sede natural de numerosos congresos, cursos, exposiciones y talleres de reflexión y discusión. Busca lo auténtico, lo serio, lo original, lo nuevo y lo permanente. Tomando como punto de partida esta idea de la cultura, se ha tratado de poner énfasis en el ámbito de donde surge nuestra propia realización, y en este sentido Tucumán y el Noroeste Argentino han sido tema de numerosos emprendimientos: investigaciones sobre la historia provincial, jornadas de religiosidad popular en el Noroeste Argentino, cursillos sobre historia del arte en la región, exposiciones de material arqueológico, etc. Todo esto no significa encerrarse en un regionalismo estrecho. Por el contrario, el conocimiento de lo propio y la conciencia del arraigo pueden verse como la condición para lograr trascender las limitaciones del espacio. El Centro Cultural Alberto Rougés facilita la labor de investigadores, pensadores y artistas del medio mediante conferencias, cursos, exposiciones y elaboración de archivos y centros de documentación. Al mismo tiempo se ha buscado la colaboración de personalidades del exterior que mediante encuentros, exposiciones y publicaciones realizan valiosos aportes a nuestra cultura. También se busca el encuentro de distintas generaciones. Como ejemplo, en artes plásticas se organizan tanto retrospectivas de conocidos maestros como exposiciones de jóvenes talentos. En sus salas pueden dialogar maestros, discípulos, críticos y teóricos del arte, dando cabida desde el arte tradicional hasta las últimas expresiones de la vanguardia. Esta íntima relación de pasado, presente y futuro es una «totalidad sucesiva» (la expresión es de Alberto Rougés) que permite que el presente se enriquezca con las voces del pasado y se abra a un porvenir que ya está significando el propio presente. A poco de su creación se ha convertido en un sitio insoslayable de la cultura tucumana, con una actividad que se proyecta a las provincias vecinas. Variadas exposiciones cubren sus salas al tiempo que cursos y conferencias, a veces simultáneos, atraen al público estudioso, al tiempo que la actividad de los grupos de investigación sigue silenciosa y sostenida. Todo esto ocurre en una antigua casa señorial, uno de los pocos ejemplos de la arquitectura de estilo francés de fines del siglo XIX que quedan en la provincia. Allí se conjugan armoniosamente el esplendor tradicional y la moderna tecnología que requiere la creación y transmisión de cultura. Ubicada frente a la plaza principal de San Miguel de Tucumán, se orienta hacia la estatua con la que Lola Mora representó a la Libertad. En los tiempos difíciles constituye una afirmación de los valores perennes del espíritu. |